Siempre caigo en los mismos errores
La sabiduría popular ha adoptado la máxima de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Claro, cometer errores es una parte normal de la vida, pero ¿por qué la mayoría de nosotros seguimos cometiendo los mismos errores una y otra vez, a pesar de que nos enseñaron desde pequeños que debemos usar los errores como excusa? y mejorar?
En un mundo perfecto, donde los errores sirvieran como medio para crecer y mejorar, podríamos superar esta instancia de "eterno retorno al error" Pero como todos sabemos por experiencia directa, esto no sucede en el mundo real.
Por Humberto Márquez / Ilustración Erasmo Sánchez
De la saga de amor y desamor de José Alfredo Jiménez, no podíamos ignorar sus aventuras alcohólicas, sino el borracho que llegaba a pedir cinco tequilas y Fue a beber con el cantinero. Las canciones que no tienen que ver con el alcohol son raras, y cuando no existe Dawn Again, ni siquiera tiene que hacerlo, porque no existe la Dawn ebria de amor. En el último trago, como en un poema de Maru, José Alfredo comienza con "llévate esta botella conmigo y en el último trago nos iremos". La letra canta en primera persona, la invitación a una despedida personal, a un culo querido, en un último encuentro, casi al tono de La última noche que pasé contigo, de Orlando Fierro, con la música del pianista Bobby Collazo.
La ranchera abunda en el dolor de los amores perdidos y en el deambular interminable de los que nacimos condenados al fracaso en el amor: “Los años no me han enseñado nada / Siempre caigo en los mismos errores / Una vez más a brindar con extraños/ y llorar por las mismas penas”, típica sesión en la que se comparten las penas del desamor en un bar que Jiménez aportó a su universalidad. Tanto es así que muchos años después, Sabina y Andrés Calamaro probaron En el último trago de José Alfredo Jiménez y me impresionó mucho la película del director Jack Zagha, una película sobre la puta madre de cuatro viejos jugando al dominó, y Pedro anuncia su la muerte y su deseo de que la servilleta con el texto de Yo que le regaló autografiado de su puño y letra, cuelgue en el museo José Alfredo, en el bar La Sirena. Al final, solo uno logra completar la misión, pero las aventuras del viaje valen la pena. Gran guión. O como dijo su hijo: "No es una película musical, ni sobre la vida de mi padre, pero incluir piezas de su catálogo ayuda a que su trabajo siga resonando con las nuevas generaciones".
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